La Rendición de Bailen

 

LA RENDICIÓN DE BAILÉN

 

La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado
La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado

 

José María Casado del Alisal:

Nació el 24 de marzo de 1831, en Villada, Palencia, en plena zona de Tierra de Campos. Hijo de Pedro Casado y González Vigil, y de María Casilda del Alisal y Carnicero.

Pronto se trasladó, con su familia, a la ciudad de Palencia, donde estudió el bachillerato, e ingreso en la escuela Municipal de Dibujo, financiada por la Sociedad Económica de Amigos del País.

Junto con Antonio Gisbert, como pintor, y Felipe Moratilla, como escultor, y gracias a una beca de 12 mil reales, por 5 años, viaja a Roma, donde completaría su educación artística. Allí coincidió con otros pintores españoles, como Eduardo Rosales y Luis Álvarez Catalá.

Viajó a París y tuvo ocasión de conocer, y contactar, con los ambientes artísticos oficiales y marginales para hacerse una idea de por dónde iban los gustos pictóricos.

Sin embargo, fue en Madrid donde Casado del Alisal produjo más su actividad pictórica, y donde podemos destacar obras tan importantes como La Campana de Huesca, El regalo del torero después de la corrida, La tentación, y la decoración de la capilla de Santiago, en la basílica madrileña de San Francisco el Grande, donde destaca La Batalla de Clavijo, entre otras muchas obras

El viernes 8 de octubre de 1886, después de haber trabajado, sin mayor contratiempo, durante toda la mañana, a las 5 de la tarde, se sintió indispuesto, y a las 9,30 de la noche Casado del Alisal fallecería en su casa de Madrid.

 

Análisis de la obra de Casado del Alisal:

La rendición de Bailen es una obra, donada por Alfonso XIII, al Museo de Arte Moderno, ocupando hoy un lugar preferente en el Casón del Buen Retiro.

Fue una obra con la que se alzó, en diciembre de 1964, con la medalla de primera clase, en la Exposición Nacional. Esta pintura la terminó de pintar en París.

Según Francisco J. Portela Sandoval, en su libro “Casado del Alisal 1831-188“, “el cuadro fue concebido, sin duda, bajo la influencia de los pintores franceses de las campañas napoleónicas, como Gros y Gerard, La Rendición fue siempre una obra famosa y representativa de la pintura de genero histórico, siendo tal vez el cuadro mas reproducido en los libros de arte y de historia de nuestro país”

El cuadro representa la capitulación del ejército francés ante las tropas españolas tras consumarse la primera gran derrota sufrida por las tropas napoleónicas en las cercanías de Bailén (Jaén), el 19 de julio de 1808. Concretamente, la escena inmortaliza la entrevista que celebraron, pocos días después, Francisco Javier Castaños (1756-1852), capitán general de Andalucía y jefe de las tropas españolas, y el general Pierre-Antoine Dupont de l`Étang (1765-1840), comandante en jefe del Cuerpo de Observación de la Gironda y uno de los más grandes estrategas de Napoleón, con el propósito de fijar las condiciones de la rendición.

La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado
La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado

Fue criticada en su época porque a primera vista da la impresión de que son los españoles los que se rinden a los franceses, ya que confundieron cortesía con debilidad. Los personajes y la situación no tuvieron mucho que ver con la realidad, exactamente, pero introdujo personajes y figuración para conseguir el efecto velazqueño que pretendía.

Se puede destacar que la composición de la obra está inspirada en La Rendición de Breda, de Diego Velázquez.

José Casado del Alisal quiso rendir un claro homenaje a La rendición de Breda de Velázquez distribuyendo de forma muy semejante los grupos de los dos ejércitos, tras los que también se despliega una visión panorámica del escenario del combate, haciendo asimismo hincapié en el comportamiento respetuoso del representante español ante el enemigo vencido. Los mástiles de los banderines y enseñas que enarbolan las caballerías de ambos bandos acaban de subrayar el recuerdo del lienzo velazqueño, concentrando igualmente en su centro despejado a los dos grandes protagonistas de la rendición, como núcleo geométrico de una distribución en aspa de las masas de soldados y cabalgaduras”.  Museo Nacional del Prado.

La Rendición de Bailen de Casado del Alisal comparada con la Rendicion de Breda de Velázquez
La Rendición de Bailen de Casado del Alisal comparada con la Rendición de Breda de Velázquez

Podemos observar, en la escena, el encuentro, después de la batalla de Bailen, entre el general Castaños, situado a la izquierda del cuadro, y un tanto empequeñecido con respecto al general francés Dupont, con pose gallarda y seria, con el bicornio en la mano. Al general Castaños, Casado del Alisal, le representa saludando de manera cortes y con gesto cordial hacia el francés vencido.

Detalle del General Castaños. La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado
Detalle del General Castaños. La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado

La postura, que parece de arrogancia, del general Dupont, al ser una postura más vertical, fue, precisamente, la que motivo que los críticos españoles lanzaran sus feroces opiniones contra el pintor. Sin embargo podemos observar, en la pintura, como Dupont muestra la palma de la mano izquierda como gesto inequívoco de rendición.

Detalle del General Dupont La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado
Detalle del General Dupont La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado

Otro de los personajes centrales de esta obra de Casado del Alisal es el general Gobert, jefe de la División de Coraceros, que lo representa con un vendaje en la cabeza. Sin embargo, Gobert no estuvo en la rendición, pues había muerto poco antes de la batalla como consecuencia de las heridas sufridas en la cabeza, en los enfrentamientos de Mengibar.

 Detalle del jefe Gobert, de la División de Coraceros La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado
Detalle del jefe Gobert, de la División de Coraceros La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado

Casado del Alisal representa a otros oficiales franceses que pudieran ser los generales Charbert, Marescot y Fresia, cada uno representando una situación distinta en la comunicación que nos quiere trasladar el maestro, colaboración confrontación e indiferencia.

Un personaje muy relevante en esta batalla fue el general, de origen suizo, Teodoro Reding, teniendo un papel clave en el devenir de la batalla de Bailen. Aparece detrás del general Castaños, y su posicionamiento refleja severidad, soberbia e intransigencia. Reding era un oficial que tenía una gran animadversión a los franceses desde su juventud.

Detalle del General Teodoro RedingLa Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado
Detalle del General Teodoro Reding. La Rendición de Bailén de José Casado del Alisal. 1864. Museo del Prado

En la escena también podemos observar al ejército francés en retirada, rendido y preso, contrariamente a la actitud de los soldados y milicias españolas, donde se puede destacar la postura de un voluntario que se cuida la herida sufrida en su pierna y que mantiene una mirada torva en la que se le adivina rencor. Junto a él, otro voluntario con postura gallarda y que sostiene entre sus manos una insignia arrebatada a los franceses.

El cuadro, en sí, contiene inexactitudes históricas, que Casado produjo para dar una mayor narración compositiva a la escena. La rendición de Bailen no tuvo lugar, como Casado refleja, en el mismo campo de batalla, ni se encontraban los generales de división españoles: Reding, Jones, La Peña y Coupygny. Se firmó en una antigua casa de postas, en Andújar, el 22 de julio. Tampoco estuvo el general Gobert, como ya he señalado anteriormente.

Casado, con este cuadro, aportó, para la pintura histórica española, una gran novedad, gracias a la magistral interpretación realista de su técnica, como gran conocedor de la tradición de la pintura histórica francesa que Casado había estudiado y asimilado, durante su etapa parisina.

 

La Batalla de Bailén.

Según el historiador Daniel Aquillué Domínguez, en su artículo “Entre el mito y la realidad: Bailén en la España del siglo XIX”, en relación con el hecho histórico de la batalla de Bailen, “Cuando uno pasea por una ciudad española, es muy probable que se encuentre con una calle dedicada a Bailén o a su famosa batalla…….plasmar en el espacio público, en forma de toponimia urbana, nombres significativos, tuvo y tiene una finalidad. En este caso es la construcción nacional española, pues la batalla de Bailén de 1808 ocupa un lugar destacado en el imaginario colectivo que se podría resumir en un “allí derrotamos a Napoleón”. La importancia del callejero urbano ya la vieron las elites liberales de todos los estados-nación del siglo XIX, pero, en España, fue durante la Restauración alfonsina (1875-1923) cuando se cambiaron multitud de nombres de calles, o se pusieron nuevas en el marco del crecimiento urbano e industrial, glorificando a insignes personajes y hechos de la historia nacional”.

La batalla de Bailén (1895) Manuel Picolo López. Ayto. de Bailén)
La batalla de Bailén (1895) Manuel Picolo López. Ayto. de Bailén)

La batalla de Bailén tuvo lugar el 19 de julio de 1808, durante la llamada Guerra de la Independencia española, en la ciudad jaenesa de Bailén.

Esta batalla supuso la primera derrota del ejército napoleónico, (Segundo Cuerpo de Observación de la Gironda), en la Historia. Ejército, compuesto por más de 21 mil soldados, al mando de los cuales estaba el general Dupont, Por parte del ejército español, con cerca de 30 mil hombres, los generales que comandaban estas tropas eran el español Castaños y el suizo Reding.

Fueron necesarios 10 horas de combate para decidir la victoria española. Tras la batalla librada se acordaron las condiciones de capitulación que firmaron en Andújar, Castaños y Dupont, el día 22, según las cuales, las fuerzas francesas vencidas en Bailén quedaban prisioneras de guerra, y las divisiones de Vedel y Dufour, se obligaban a dejar las armas en el terreno. Se recuperaron bienes y tesoros saqueados por las tropas de Dupont en su marcha por Andalucía.

 

Se habían tomado miles de prisioneros, cuyo destino final serían los pontones de Cádiz, alojamientos flotantes que fueron empleados como alojamiento para uso 15 mil prisioneros. Eran embarcaciones, fragatas y navíos, desarbolados, de la Armada española, que habían dejado de prestar servicio. Este amontonamiento, hacinados y con unas condiciones de salubridad calamitosas, más los parásitos, provocaron una escandalosa mortandad.

 

La isla balear de la Cabrera también fue presidio de estos prisioneros de guerra, donde la mitad perecería de hambre y solo unos pocos lograrían escapar en un bote robado. Otro contingente de prisioneros, cerca de 7 mil, fueron llevados a las Islas Canarias.

Una vez firmada la paz de Valençay, en 1814, muchos de los prisioneros que sobrevivieron, ni se plantearon volver a Francia. Durante su cautiverio pudieron contraer matrimonio e, incluso formar familia.

¿Cómo se llegó a este enfrentamiento en Bailen? Esta es su historia.

Tras el sangriento levantamiento del Dos de Mayo y la coronación de hermano de Napoleón Bonaparte, José, al trono español, fue surgiendo una resistencia armada en cada provincia para combatir y expulsar a los invasores.  “Con la ocupación de Madrid por las tropas napoleónicas la “vieja nación” se quedo verdaderamente sin capitalidad. Gracias a las actividades desplegadas por la Junta Suprema de Sevilla desde el primer momento, la ciudad del Guadalquivir, en palabras de un observador a distancia como Marx, fue “considerada capital de España durante el tiempo en que Madrid estuvo en poder del extranjero”, según Manuel Moreno Alonso, en su libro “La batalla de Bailén. El surgimiento de una nación”   Fueron famosas las Juntas de Defensa creadas en Andalucía, donde se formaron ejércitos de voluntarios. En Cádiz, el populacho asesinó al gobernador y forzó a su sucesor a atacar a las naves de guerra francesas bloqueadas en el puerto por los ingleses desde 1805.

Españoles y franceses en la batalla de Bailén. Ricardo Balaca (1844-1880)
Españoles y franceses en la batalla de Bailén. Ricardo Balaca (1844-1880)

Para reprimir el creciente levantamiento, Napoleón ordenó, al general Pierre Antoine Dupont, dirigirse a Cádiz con una tropa de 20.000 hombres, con el objetivo de rescatar a la flota y reprimir la insurrección. Durante el mes de junio, los franceses marcharon hacia el sur bajo un sol abrasador, mientras eran acosados por los ataques de la guerrilla. En Córdoba derribaron la Puerta Nueva de la muralla e iniciaron un brutal saqueo, irrumpiendo en todo tipo de edificios religiosos y privados de la ciudad. Pero a medida que se acercaron a Cádiz, se encontraron con que la flota francesa, al mando del almirante Rosily-Mesros, ya había capitulado, y la defensa de Cádiz se había reforzado y era muy difícil tomarla al asalto.

Dupont estableció su cuartel general en Andújar, y ordeno a 2.000 de sus efectivos que aseguraran las comunicaciones con Madrid, cortadas por las partidas de guerrilleros. Mientras tanto, la Junta Suprema española con sede en Sevilla había agrupado a las dispersas fuerzas del ejército regular bajo el mando del general Francisco Javier Castaños, reforzándolas además con unidades de milicia reclutadas a toda prisa.

Batalla de Bailén
Batalla de Bailén

Estos 30.000 hombres, formaron un ejército muy singular, que se dirigió hacia Andújar. Mientras Teodoro Reding se dirigía, contra los franceses, con el grueso de las fuerzas, una columna algo menor, al mando de Castaños, tenía el objetivo de rodear al enemigo y evitar su huida. Sin embargo, el plan español se vio desbaratado por Dupont, que, sin tener conocimiento de que se acercaban los españoles, se dirigía hacia Reding para enlazar con las unidades militares que vigilaban su ruta de suministros en La Carolina. Así pues ambos ejércitos se encontraron por sorpresa a las afueras de la villa de Bailén.

El ejército de Andalucía, aunque conocía las posiciones defensivas de Dupont, no consideraba la opción de atacar Andújar, ya que hubiera supuesto un gran número de bajas. El 12 de julio, el ejército del general Castaños, se concentró en la población jienense de Porcuna, donde idearon un plan de ataque conocido como el Plan de Porcuna, consistente en un gran movimiento envolvente, a través de los enclaves de Mengívar y Bailen, para romper las comunicaciones de Dupont con Madrid y obligar al francés a abandonar su posición en Andújar y presentar batalla.

Aunque sus tropas todavía marchaban hacia el campo de batalla Dupont decidió iniciar las hostilidades, para asegurar de este modo el cruce del río Rumblar y echar al enemigo de la ciudad. De esta manera, a las tres de la madrugada del 19 de Julio, el ejército francés, dirigido por el comandante Teulet, cruzó, sin resistencia. El puente del río Rumblar. Cinco batallones atacaron la loma de la Cruz Blanca, arrollando al regimiento de Farnesio. Afortunadamente, Reding había conseguido desplegar a sus hombres en una media luna en los altos de Bailén, por lo que Dupont decidió esperar a que llegaran refuerzos y su propia artillería antes de lanzarse contra la villa.

Batalla de Bailén
Batalla de Bailén

Durante las tres horas siguientes se produjo un bombardeo que favoreció a los españoles, cuyas piezas tenían un alcance mayor, pese a ser menos numerosas que las francesas. Dupont, al ver el hostigamiento al que estaba sometido, en este intercambio artillero, ordenó, al general de brigada Theodore Chabert, a las seis, un nuevo ataque con las fuerzas disponibles: mientras su caballería pesada se dirigía contra el flanco izquierdo de Reding, la infantería del general Chabert avanzaría por el centro. Si bien los coraceros franceses aplastaron a los regimientos del flanco, la infantería, en su mayoría soldados aún sin formar, como la Guardia de París o unidades austríacas y suizas forzadas a luchar contra su voluntad, se deshizo frente al fuego de mosquetes y cañones.

Reding temiendo por su retaguardia, lanza un ataque que se despliega sobre la posesión de Cruz Blanca y, además, ordena el avance de sus órdenes Militares y de Guardias Valonas. Tras rechazar esta ofensiva, Reding vio una oportunidad de ganar la batalla antes de que llegara el resto del ejército de Dupont o los refuerzos franceses que se acercaban desde La Carolina. Pese a que el avance empezó con buen pie y arrojó a los franceses de sus posiciones, la llegada al lugar de tropas de refresco y caballería ligera empujó a los españoles hacia sus posiciones iniciales.

De nuevo Dupont ordenó otro ataque por el centro, que de nuevo se estrelló contra las baterías situadas delante de Bailén. Eran las once de la mañana, y bajo un sol importante, los españoles iniciaron a su vez un asalto masivo contra los franceses en retirada. Los regimientos de línea, la milicia y las bandas de guerrilleros, avanzaron pendiente abajo apoyados por la caballería regular y algunos garrochistas armados con sus características picas. Los garrochistas eran pastores de ganado taurino que se alistaron para combatir al invasor francés. Pese al arrojo que pusieron, cuando los españoles llegaron a una zona llana, fueron diezmados por la artillería francesa, viéndose obligados a retroceder.

Viendo Dupont que las fuerzas españolas habían vuelto a situarse a la defensiva, y Castaños acercándose a su retaguardia, intentó un último ataque usando todas sus reservas. Ordeno a las tropas de elite, los marinos de la Guardia Imperial, que ascendieran hacia Bailén, pero el fuego infligido por los españoles fue demasiado para ellos. Agotados, tras horas de combates, y acuciados por una sed insoportable, la mayoría de soldados franceses arrojaron sus armas y huyeron mientras que los regimientos suizos se pasaban de bando.

Con la llegada de las tropas de Castaños al lugar, se escribió el destino de los franceses, que rodeados no tuvieron más remedio que rendirse. Aún así, Dupont intentó alargar las negociaciones a la espera de que los refuerzos de La Carolina rompieran el cerco. Pero nada podía cambiar ya el curso de los acontecimientos, Reding había reforzado el desfiladero por el que había de llegar esta segunda fuerza francesa, que fue derrotada y obligada también a capitular.

Pese a que Dupont se había distinguido en las guerras de la Revolución y el Imperio, Bailén supuso su caída en desgracia.

La noticia de esta victoria corrió como la pólvora por toda Europa. Era la primera vez que los ejércitos del emperador Napoleón habían sido derrotados y la primera rendición de un general francés desde la batalla de Alejandría en 1801. Bailén supuso un aldabonazo para los enemigos de Bonaparte. En 1809 Austria declaraba la guerra al emperador, apoyados, y subvencionados, por el gobierno británico.

Si a Castaños se le atribuyó todo el mérito, fue Reding quien estuvo realmente al mando del ejército durante ese día, y a él se debe esta grandiosa victoria. Bailén convirtió a Castaños en el ídolo de muchos españoles, pero las desastrosas decisiones que tomó durante el resto de la guerra condujeron a más de una derrota. La gloria de la jornada en Bailen, acompañaría al general hasta su muerte, a los 95 años, acontecida en su domicilio de la calle del Barco, en Madrid.

Teodoro Reding
Teodoro Reding

Castaños nació en Madrid, en 1758, de ascendencia vasca. Estudio en el Real Seminario de Nobles de la Corte, y fue nombrado capitán a los diez años. Tuvo que cuidar de su padre, ciego, hasta su muerte en 1774. Era un hombre de vida militar y gustos militares. La caza y montar a caballo eran su pasión. De trato campechano, era cercano a sus tropas con los que solía conversar. Además, poseía un gran sentido del humor.

El general Francisco Javier Castaños, I duque de Bailén. José María Galván y Candela (copia de José de Madrazo, Museo del Prado)
El general Francisco Javier Castaños, I duque de Bailén. José María Galván y Candela (copia de José de Madrazo, Museo del Prado)

Los detractores que tuvo, consideraban que no fue Castaños quien ganó en Bailén, sino que solo fue el estratega, otorgándole a Reding el valor de la táctica que les llevó a la victoria. Sin embargo, fue a él a quien se le atribuyo el éxito, y este le trajo innumerables críticas.

Tras Bailen, el general Castaños, no volvió, como he mencionado anteriormente, a ganar ninguna batalla. Sus enemigos le atribuyen las derrotas de Burgos y Tudela, entre otras. Fue condenado bajo la sospecha de traición y fue encerrado en el Monasterio de Santi Ponce, en Sevilla, desde donde se extendió la noticia, falsa, de que había sido asesinado.

Napoleón echó la culpa de todo a Dupont, que fue encerrado en un castillo hasta la restauración de los borbones en el trono de Francia. Si bien esta batalla sirvió de esperanza a todos los españoles, el curso de la guerra pronto les haría ver la realidad. En 1809 Napoleón cruzó la frontera, tomó Madrid y expulso a una fuerza expedicionaria inglesa de la península. Los inmensos recursos del Imperio Francés se pusieron en marcha y, aunque nunca consiguieron controlar totalmente el país, consiguieron arrinconar a la junta en Cádiz y tomar la mayoría de ciudades. Finalmente, los bonapartistas abandonarían España en 1814, tras seis años de guerra ininterrumpida.

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